ALPES 2003
Saludos a todos los habituales a las crónicas BMT. Aunque con un poco de retraso sobre el horario previsto voy a pasar a relataros lo que ha ocurrido en este verano. Para empezar podemos decir que las emociones vividas en la montaña han superado con creces las expectativas creadas a principio de año. Y es que han ocurrido muchas cosas desde la última vez que hubo crónica en Bragatanga Mendi Taldea: desde un histórico viaje a Alpes, cimas importantes incluidas, hasta el perfeccionamiento de la técnica del piedring en un escenario magnífico como es una cantera. Pasando por jornadas pirenaicas en las que hemos hollado cimas inéditas en BMT.

La verdad es que no se puede estar más satisfechos de nuestra actuación este verano. Hemos conseguido tener de una vez 4miles en nuestro palmarés. Logramos hacer cima del Mont Blanc en unas condiciones de la nieve bastante técnicas. Conseguimos días antes hollar el Grand Paradiso sin mucho esfuerzo. Bajamos las montañas de grava más grandes jamás soñadas. Todo un sueño al alcance nuestro.

Vayamos sin más dilación al relato detallado de todos estos hechos. Como siempre aquí, en BMT, la página web de la locura. ADELANTE!
                                                                                                    VIAJE A ALPES

Todo comenzó un día 3 de julio de madrugada. Tres de los miembros BMT (Tripu, Ian y Xa2) además de un colaborador oficial (Koldo) partieron en el Scenic de Xa2 hacia las lejanas tierras alpinas italianas. Muchas horas de viaje nos aguardaban, conduciendo por planas autopistas gabatxas. El viaje era aburrido, pero el coche lo suficientemente amplio como para no ir incómodos, a pesar de que no cabía un alfiler en el mismo: tienda, sacos, piolos, crampones, cuerdas, mochilas, arneses, cascos, frontales, comida, cervecicas, 4 inútiles... En fin, petaus! Tras muchas horas de viaje y sin perdernos nada más que en Grenoble (que además se supo solucionar bastante rápidamente por cierto), llegamos a la zona de Val d'Isere. La idea inicial era tomar la autopista para salir en el lado francés del túnel del Mont Blanc para de allí pasar a Italia. Pero como la economía es vital en este tipo de viajes, máxime cuando uno se encuentra en la archicarísima gabatxolandia (no se merecen ni las mayúsculas), Tripulín encontró rápidamente alternativas mucho más divertidas y baratas (en principio). Qué mejor manera de terminar un largo viaje que txupándonos un puertaco de esos de flipar!. Para más INRI el puerto estaba siendo re-asfaltado, lo que puso el Scenic como un Kristo de alquitrán (nunca mejor dicho...) Me las vi meses después para limpiarlo... Bueno, el caso es que, con puerto de por medio, habíamos llegado al lugar deseado. El viaje había sido largo pero con la guía Michelín la verdad es que es imposible perderse. La cuestión era decidir si subir en el día de llegada o descansar del viaje y ascender al día siguiente. No estábamos muy cansados, por lo que después de cocinar unos espaguettis y meterlos en tuppers (un método kojonudo si quieres ahorrarte  el subir agua y cocinar), nos subimos la tienda, sacos y todo el copetín hasta el refugio. En la foto de al lado se puede ver dónde dormimos y dónde quedaba el refugio. Obviamente esa noche dormimos de lujo.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano. Quedaba por delante la ascensión al Grand Paradiso (4058m.). La peña no perdía el tiempo, pues ya se podían empezar a ver los primeros frontales, con su mortecina luz pululando en la lejanía. La primera parte de la ascensión transcurría por una zona de grandes rocas y grava suelta y polvorienta, surcada por numerosos hilillos plateados de agua. Pronto apareció ante nosotros el hielo glaciar, majestuosa presencia helada, ante el que tuvimos que rendir pleitesía para encordarnos y calzarnos los crampones. Se veía que el respeto no sólo era nuestro, pues nadie dejaba de encordarse por si acaso. Y es que la ruta estaba llena de grietas y peligros.
Ian posa delante de la tienda. Aunque parezca mentira no está meando. Se puede apreciar el refugio al fondo.
Acechando al montañero en todo momento con el deseo de tragárselo hasta las entrañas de la tierra. En la foto de la izquierda queda claro el peligro de las grietas. Pero gracias a Koldo y su pilotaje en el tema cordístico pudimos afrontar este reto con todas las garantías. La ascensión era larga, el tiempo no acompañaba y el frío y la niebla hicieron acto de presencia. Lógicamente el paisaje se tornó blanco por todos los sitos, y las fotos panorámicas tuvimos que posponerlas para mejor ocasion climatológica. Esta subida tenía un aire a la del Possets, largas palas de nieve con mucha pendiente, que no se acaban nunca. Poco a poco fuimos ganando altitud, desde los 1900m del coche, pasando por los 2600m de la tienda, hasta los 3404m del Aneto. A partir de ahí tenías una sensación de triunfo, pues a cada paso que dabas estabas superando tu techo de altura. La subida estaba salpicada de pequeños grupos de gente con guías de montaña, tipejos muy arrogantes y mal educados que se dedicaban a putearte en cuanto tenían la ocasión.

La parte más divertida de la jornada llegó en la frontera de los 4000m, pues el cómodo camino de nieve se convertía en un mixto bastante puñetero y expuesto. Pero no podíamos amilanarnos estando tan cerca de nuestro objetivo. Con paciencia conseguimos superar las dificultades, incluido un paso expuesto y aéreo en los últimos 10m de ascensión. Lo habíamos conseguido!!! La cima había sido conquistada...!!!!!
Impresionante vista de una grieta en comparación con el tamaño de los precavidos y encordados montañeros.
Ian, Xa2 y Tripu en la cima del Mont Paradiso (4058m) acompañados por la silenciosa madonna.
La cima estaba adornada por una virgen o madonna, como podéis ver al lado. Hacía un frío de cojones y el tiempo pintaba peor, por lo que bajamos cagando leches. Xa2 empezó a tener problemas de calambres, pero supo sobreponerse y llegar a la tienda sano y salvo. En la tienda esperaba comida y descanso, pues decidimos echar una cabezadita antes de regresar al coche. Tras una pequeña tormenta, recogimos todo y volvimos a colgarnos las pesadas mochilas, para regresar con alegre paso hasta el coche. Allí volvimos a comer algo y a beber  agua, un bien escaso cuando lo que fluye se convierte en puro hielo. Cansados y satisfechos por lo conseguido tocaba buscar un sitio donde cenar y pasar la noche. Iba a ser una misión complicada, o eso pensábamos...

La idea era no tener que pagar nada (Hotel Porche) o en caso de hacerlo lo mínimo. Tras muchas vueltas tratando de encontrar un sitio donde comprar pan, lo conseguimos. Tras vueltas buscando sitio para dormir, en el lugar que menos nos esperábamos, un pueblecito llamado Villeneuve (sí, sí como el de Fórmula 1), encontramos el paraíso: era un parque infantil con amplia zona verde, columpios y mesas para merendar; juegos infantiles de estos con casitas ideales para cocinar sin que el viento te apague el hornillo; abundante agua (el río fluía al lado, y había muchas fuentes); porches cubiertos por si llovía. Pero lo mejor era que, TENIA BAÑO!!!! Sí, un baño para una guardería que estaba al lado, de esos prefabricados que estan dentro de una cabina, pero no de esos cutres verdes sanfermineros, este tenía hasta lavabo...! El sitio fue calificado como de 5 cutre-estrellas, la máxima calificación BMT para sitios tipo Hotel Porche. Estábamos encantados, tanto que celebramos por todo lo alto lo bien que nos había salido el día en todos los sentidos. Corrieron unos cuantos litros de cerveza en nuestro honor.
El salón de banquetes y la suite presidencial del Hotel Porche de Villeneuve. Todo un lujo al alcance de muy pocos. Y todo por el módico precio de...
Esa noche fue larga y de sueño placentero, pues no había ninguna prisa por partir hacia Chamonix, ya que se había acordado subir al Aguille d'Midi después de comer. Así, dormimos desde antes del anochecer hasta bien entrada la mañana, cuando los aspersores del riego automático nos obligaron a recular en busca de un sitio más protegido del agua. Tras desayunar en el comedor imperial del hotel emprendimos el viaje rumbo al paraíso de Chamonix. Había que atravesar las entrañas de la montaña por el túnel del Mont Blanc. Más de 30€ costaba el viajecito... El túnel era angosto y la velocidad máxima 70km/h, con exhaustivos controles de la misma, que te hacían desistir de emular a Txumaker. Un buen rato para recorrer los 11km del tunelcito... Tras atravesarlo la primera parada para observar la grandiosidad del paisaje que se levantaba a nuestros pies. Al fondo se podía adivinar la cumbre del Mont Blanc, y más cerca el final del teleférico del Aguille d'Midi. Koldo se puso muy, muy nervioso al ver la altura que alcanzaba dicho teleférico. La visión de la lengua glaciar cayendo hacia el valle era impresionante.

Mientras mirábamos ensimismados el paisaje que se revelaba ante nuestros ojos, un trío de gendarmes se acercó hasta nosotros. Bonyur, bla, bla, habláis inglés? Pozi. Registro al canto. Lo de siempre, drogas, armas, corrupción de menores...
Al final nothing de nada, para variar por otro lado. Eso sí, la educación y amabilidad de estos agentes hacen que desees que te vuelvan a registrar. Igualico que los putos pikoletos. Incluso pudimos preguntarles acerca de la predicción climatológica para los siguientes días.

Por fin y tras el cachondeo policial llegamos a Chamonix. Da asco cómo los franceses se venden por pillar pasta del turismo. Todo abarrotado de inútiles domingueros contaminantes, japoneses a mansalva, y peña muy fashion. Nosotros que ya empezábamos a oler agradablemente dimos una vuelta por el pueblecillo, escandalizándonos por los precios del comercio. Visitamos la Manson de la Montagne (se escribía asi?) para informarnos sobre el tiempo. Después volvimos al aparcamiento a empezar a cocinar la cena que tomaríamos en altura y a prepararnos para la aventura estrella del viaje, la acometida del Mont Blanc.

Koldo estaba cada vez más nervioso. No era para menos, debía montarse en el teleférico más alto del mundo, y tiene pánico a esos katxarros que no puede controlar ni asegurar. A punto estuvo de rajarse, pero entre todos le dimos ánimos para continuar. Al fin y al cabo a eso habíamos venido.
Impresionante vista del glaciar del Mont Blanc. Su cima aparece a la derecha y la del Maudit a la izquierda.
Monumento a los pioneros del Mont Blanc, en la plaza principal de Chamonix. El brazo apunta al blanco monte.
Nos disfrazamos de montañeros (esa era la sensación que dábamos entre tanto turista) y nos montamos por fin en el teleférico. Era curioso el subir con todo el material, mucho peso, y tener al lado a una tía en minifalda y con tacones. Tras hacer el trasbordo a mitad de camino pudimos observar la lengua glaciar desde arriba, siendo todavía más impresionante con todas esas grietas al acecho. Juzguen ustedes mismos a la izquierda. El teleférico no es que fuera muy grande, pero con las mochilas y los crampones al aire en seguida te hacías sitio, je, je.

Una vez llegados al Agulle d'Midi sacamos unas cuantas fotos del lugar, pues las vistas lo merecían. Había tubos extremos de nieve polvazo justo bajo nuestros pies, que algún txalau gabatxo había bajado con eskis tiempo atrás. Se podía ver perfectamente la subida que al día siguiente tendríamos que hacer. Durante el rato que estuvimos enbriagándonos con el paisaje pudimos conocer a gente de Euskal Herria, mismo objetivo. Qué raro...!

Por fin nos decidimos a bajar al campo base, junto al refugio de la vía de los 4miles. Había un túnel de hielo en el que te cambiabas y te ponías los crampones, arnés, piolo... era espectacular. Podéis verlo debajo.
Amenazante y misterioso, el glaciar del Mont Blanc visto desde la altura parece inexpugnable al ser humano.
El teleférico del Aguille d'Midi. Un viaje espectacular y caro al mundo de las altas montañas franco-italianas.
La cueva de hielo en el Aguille d'Midi marca el inicio de la aventura alpinística para todo aquel que lo atraviesa
Tras 30 minutos de caminata y algún que otro susto en la cresta llegamos al campo base. El tiempo era magnífico y soleado, aunque pequeñas brumas daban un toque mágico al paisaje. No quedaba mucho tiempo, teníamos que plantar la tienda antes de que anocheciera, cenar y dormir, pues el día siguiente iba a empezar esa misma noche, a las 24 horas. Dicho y hecho. A las 19.30 horas del día 5 de julio estábamos ya durmiendo.

Tras una "noche" bastante llevadera tocaba levantarse. Al salir de la tienda el espectáculo era impresionante: la noche más despejada que se puede pedir estaba ahí fuera; un gusano luminoso avanzaba por la ladera del Tacull rumbo al Mont Blanc. Todo el mundo estaba ya arriba para empezar con la penitencia. Y nosotros no podíamos ser menos. Tras coger mucha agua y encordarnos bien emprendimos la subida. Hacía bastante frío y había muchísima gente. Daba asco subir así, todo el mundo intentando adelantar a todo el mundo, con muchas colas y parones. Así hasta alcanzar el collado del Tacull. A partir de ahí mejor, aunque no habíamos visto bien la zona por la que habíamos pasado por la ausencia de luz. En el descenso seríamos conscientes de los peligros de las grietas... De esta parte de la subida no hay fotos. No se veía nada sin el frontal, como para sacar fotos...

De repente se empezó a ver cada vez más. El cielo se teñía de rojo en las siluetas de las montañas para luego ir degenerando hacia el azul. Era un amanecer único y maravilloso. Sacamos unas cuantas fotos, pues había que retratar ese momento.
Campo base, refugio a la derecha y Tacull justo encima. Se puede ver el principio de la ascensión y los seracs.
Algunos momentos del amenecer alpino. Los espectaculares colores y sus contrastes hacían la subida considerablemente más llevadera.
La cima del Maudit quedaba ya cerca, pero inexplicablemente un tapón de gente aguardaba para afrontarla. Conforme nos fuimos acercando a ese lugar pudimos comprobar el porqué de la espera de la gente. Una pala con mucho desnivel, cuyo comienzo era una pared cuasi-vertical de puro hielo. Fue en este momento cuando empezaron a surgir las dudas en BMT. La cosa estaba realmente txunga. No teníamos el material adecuado para afrontar esta vía con garantías. Koldo veía el asunto muy negro, aunque Xa2 y Tripu se veían capaces de hacerlo. Ian, dubitativo, acabó dando la razón a Koldo. Nos encontrábamos en una disyuntiva: subir o desistir a tiempo. Tras una larga espera y reflexión, aun viendo a auténticos inútiles subiendo (gente totalmente inexperta con guías), decidimos darnos la vuelta. Pero cuando habíamos bajado poco más de 10m nos juntamos con los de Euskadi. "Que os dais la vuelta?. Pero si estáis casi arriba! Después de esto la subida es un paseo. Venga que ayudándonos entre todos podemos!" Gracias desde BMT a estos gipuzkoanos, sin su ayuda no lo hubiéramos conseguido. Uno de ellos subió a dos piolos muy rápido, para luego echar una cuerda. Estos montañeros eran buenos, habían estado en Kilimanjaro y Andes y pilotaban como decía Koldo. La verdad que el objetivo de la cuerda era sólo psicológico, pues en caso de caída lo único que te evitaba era acabar en el interior de una grieta bajo un serac. Pero nos dio la suficiente confianza para subir sin problemas. Una vez llegados al collado del Maudit la vista era histórica para nosotros: teníamos la cima del Mont Blanc en la palma de la mano, esperándonos en toda su inmensidad. El altímetro marcaba 4500m, techo tras techo, una cifra astronómica para nosotros. En principio no había problemas con la altura, aunque esto cambiaría pronto. Tras una breve parada para regruparnos todos (nos desencordamos desde el principio de la zona txunga hasta un collado intermedio), BMT's y los de Euskado, reemprendimos la marcha. Los últimos 300m de subida eran agónicos: una larguísima pala de nieve con miles de zetas de subida que no se acababa nunca. A partir de aquí cada uno puso el ritmo que más le convino, Xa2 haciendo gala de una espléndida forma física después de un junio sin bajar del 2º puesto en pruebas de MTB en Navarra (Extreme Bardenas, Clásica de los Dinosaurios...); Ian sorprendiendo a todos después de haber superado una varicela y una lumbalgia; Koldo en su línea, regulando y llegando entero; Tripu sin embargo pagó el esfuerzo de abrir nuestra cordada en la primera parte de la ascensión. Notaba la altura y tuvo que agonizar como nunca para alcanzar la cima. Estaba totalmente grogui, pero llegó como un campeón, a más de 30min desde que lo hiciera Xa2. Por fin todos felices por haber alcanzado la cima, tomamos las fotos de rigor: panorámicas 360º de lo que allí se veía. Fotos retratando a los que lo habíamos conseguido, fotos de la cresta de la vía normal, fotos, fotos, fotos... La verdad es que la cima en sí le dejaba a uno un poco indiferente, pues no había ninguna cosa allí arriba que te dijera que estabas en el techo de Europa. La cima se puede decir que era bastante amplia y fea. Hacía un frío de espanto y el agua se congelaba. Tras un ratillo observando el mundo desde otro ángulo decidimos bajar ya, acompañados por los de Euskadi (gracias por la foto que debajo podéis ver) y por dos colegas más de, adivinad, Bilbo. Todos juntos y en familia emprendimos el descenso de vuelta a la tienda. La cima la alcanzamos hacia las 10 de la mañana. Como bien decía Koldo, "hasta que no estemos abajo no podemos decir que hemos subido", sabio él.
Arriba a la izquierda una panorámica de la cima del Mont Blanc desde el collado del Maudit. Justo encima de este texto una bella panoramica desde al cima del techo de Europa. A la izquierda la foto del año BMT, la conquista del Mont Blanc es un hecho!
En la bajada el día que estaba transcurriendo de manera perfecta empezó a torcerse. Xa2 en el tiempo que estuvo en la cima empezó a sentirse mareado y con fuerte dolor de cabeza. El mareo pudo controlarlo, pero el dolor de cabeza le persiguió hasta Chamonix. Era un dolor de baja intensidad, pero te iba minando las furezas poco a poco. El resto de la gente estaba parecido, ya lo decía uno de los montañeros expertos de Euskadi: " a mí la altura en Andes me mató". Pero echándole valor al asunto supimos sobreponernos. De repente Tripu metió media pierna en una grieta oculta por bajar fuera de la senda de nieve. Comprendimos inmediatamente el peligro que conllevan las grietas. De allí en adelante cuidadín y buena letra. Llegados a la zona txunga y tras esperar casi 1 hora a que la peña que todavía quedaba subiera y bajara nos rapelamos la pala, algunos como auténticos agentes de los cuerpos especiales y otros (ligeros de peso por haber hecho su defecación más alta jamás realizada) más tranquilos. En el momento en que Koldo se preparaba para afrontar el descenso el reloj marcaba las 12.00 horas del 6 de julio. San Fermín nos acompañaba! De ahí a la tienda quedaban unas cuantas agonías por superar, pues no era todo bajada seguida y había alguna que otra pequeña subidita de por medio. Tripu agonizó para subir al collado del Tacull pero al final lo consiguió una vez más. Cada uno bajaba a su ritmo, los gipuzkoanos eran muy rápidos y se fueron. Nosotros íbamos más tranquilos. Se nos juntaron los de Bilbo e hicimos una cordada de 6. Así atravesando la zona de las grietas que horas antes, en la oscuridad de la noche, no habíamos advertido que fueran tan profundas y peligrosas. El cansancio empezaba a hacer mella ya y cada vez deseábamos con más ansias llegar a la tienda. Debajo podéis ver una grieta en su inmensidad.
Rapelando el tramo más difícil de la ascensión. Fue aquí donde casi nos damos la vuelta por el estado de la nieve.
Nos habíamos retrasado bastante, y si no llegábamos a tiempo al teleférico deberíamos pasar una noche más en la tienda, sin comida y con poca agua. Por ello, Xa2 e Ian que iban más fuertes se adelantaron al final de la bajada para empezar a recoger todo y ganar algo de tiempo. Iban sin encordar y una vez más Ian metió la pierna entera en una grieta oculta. Un nuevo susto que nos recuerda lo peligrosa que es la montaña.

Al final, desmontamos todo a tiempo, Tripu siguió a su ritmo sin parar hasta el teleférico mientras nosotros terminábamos. Por suerte tuvimos tiempo de ayudar a los de Bilbo que también iban bastante cascaos y subir. Ya en el teleférico la sensación de triunfo llenaba nuestros enchidos corazones montañeros. Lo habíamos conseguido!!! Y su esfuerzo nos había costado: 15 horas de palizón!
Sólamente quedaba  montarse en la telecabina y descender desde el paraíso hacia el mundanal ruido. Pero al ser el último viaje del domingo el teleférico estaba a reventar de puñeteros turistas y también de cansados montañeros, entre ellos nosotros mismos. En la primera cabina entramos más o menos bien, te obligaban a quitarte la mochila pero se entraba bien. Pero si entrabas en esa los primeros, como así hicimos, luego salías por la puerta contraria y te quedabas el último. Así que para entrar en la siguiente telecabina, en la que el gabatxo de turno insistía en que cabíamos, tuvimos que hacer presión. No fue difícil, con mostrar un poco los crampones afilados la peña se compactaba sin demora. Al final bastante cómodos y todo.

Mientras todo esto ocurría, Koldo miraba continuamente hacia el suelo de las cabinas, porque no quería ver lo colgado que estaba de una sirga. Aunque en este viaje de descenso, no se sabe muy bien si por el cansancio o qué, no se quejó tanto.

Primer plano de una profunda grieta. No me gustaría caerme ahí dentro...
Una vez llegados a Chamonix de nuevo volvimos al coche para quitarnos las ropas sudadas, pues hacía un calor increíble. Y es que en un día habíamos pasado de 4800m y -15ºC a 1000m y 25ºC. Mucho cambio en poco tiempo. Tras un descanso y una vuelta por el pueblo decidimos volver a Italia por el túnel del Mont Blanc. Una vez allí y después de dar muchas vueltas entramos en una pizzería a celebrar la cima por todo lo alto. Escogimos un sitio agradable y con bastante ambiente a pie de carretera. Un dueño viejo extravagante con canosas greñas y una camarera, Erika se llamaba la afortunada, tordísima. Ella, una pizza cuatro quesos y una jarra de 0.5L de cerveza para cada uno, unidos a la consecución de la cima objetivo del año zanjaban un día perfecto. Sólo quedaba volver al Hotel Porche a sobar como reyes. Y vaya que si lo hicimos...


Al día siguiente nos despertamos relativamente tarde. Habíamos cumplido los objetivos del viaje en 4 días. El tiempo había sido perfecto. Los tan esperados días de malísimas condiciones climáticas no habían hecho acto de presencia y ahora teníamos unos cuantos días de relax por delante. Decidimos bajar por Turín, carretera nacional, hasta la costa del Mediterráneo. Pero antes nos desviamos para ir a la estación de eski de Cervinia, pues el nombre indicaba sin lugar a duda que de allí se vería el Cervino. Y vaya que si se veía! La peña bajaba de eskiar en el glaciar y a alguno se le hacía la boca agua. Tras comer en un ídilico lago con el Cervino de fondo bajamos hacia el mar..De allí recorrer la costa hasta encontrar una playa para sobar. El tiempo era cojonudo. Pero por desgracia, esa zona del Mediterráneo da asco. Mucha tía buena pero poca playa decente. Todo a presión, mucho tráfico y playas estrechas y sin arena. Una mierda. Al final acabamos durmiendo en Imperia, un pueblo playero, en el aparcamiento de lo que a la mañana siguiente sabríamos que era una fábrica. Y lo supimos porque un trabajador casi atropella a Ian mientras este dormía plácidamente.

Al día siguiente tras agonizar un buen rato por carreteras llenas de atascos y pueblos, llegamos a San Remo. Vaya mierda de pueblacho! Huimos rápidamente hacia la autopista y carretera hasta Montecarlo. Qué yates, qué coches, qué hoteles...! Incredibol bat tru! Las típicas fotos de rigor de los barquitos, vueltecita al circuito del mundial de F1 y largándonos rápido, no sea que nos cobraran por respirar. Abajo podéis ver alguna foto de esto último.

Estábamos de gabatxos y espguetis hasta la minga dominga!!! Gerona era la opción de lugar seguro para dormir y tranquilidad. Así que kilometrada en coche hasta allí. Y acertamos, encontramos una cala perdida donde dormir solos, y en teoría agusto, si no fuera por que  a los mosquitos les parecimos especialmente sabrosos esa noche. Sería porque llevábamos 7 días sin ducharnos?. Por cierto, hito histórico BMT, Xa2 se bañó en el mar después de 7 años...!!!

Al día siguiente vueltecita por carreteras de montaña Catalana tipo Rallie de Catalunya para llegar a Rosas. Un ratillo en la playa, llena de jubilados y exenta al parecer de chicas guapas. Un coñazo. San Fermín solicitaba nuestra presencia, por lo que decidimos huir. Llegados a Iruña cada mochuelo a su olivo. La aventura había terminado...

Las fotos de este viaje están en donde siempre, en BMT/fotos. Disfrutad


                                                                                                                                                                          Xa2
Un par de feos debajo del Cervino en Cervinia. Arriba a la derecha panorámica de Monte Carlo y justo a la derecha de este texto un payaso en las playas de Gerona (no es tan alto, esta subido en un punto geodésico)
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